Carta I

Queridos espíritus:

Camino despacio por las ramas de la hondonada. Hace muy poco tiempo fui acogida aquí por primera vez, llena de miedos e inseguridades. No es como si las sombras no fueran parte de mí, pero siempre aterra un poco adentrarse en la muerte y más cuando tienes que despojarte de las máscaras que no te permiten ser lo que eres pero que de igual forma son un muro que te da seguridad.

Sin embargo, este fue el lugar en el que pude comprender mi papel en el mundo y encontré sentido. Esa es la razón por la que escribo estas palabras, en las que más que una despedida, quiero dejar el recuerdo de cómo logré comprenderme a mí misma al entender el fino equilibrio que sostiene la existencia.

Todavía recuerdo el frío intenso de Rasganorte en mi piel, aunque realmente no lo sentía por el fuego que no dejaba de consumirme por dentro. Era un momento extremo, nadie sabía qué hacer, pero era necesario hacer algo, aunque eso implicara sacrificar mucho. Por eso, justo en ese momento tiré mi espada, para permitir que toda esa energía caótica se apoderara de mí y así abrirme paso entre mis propias llamas a la tierra de las sombras.

Si todo va bien en Azeroth, lo más probable es que mi espada siga clavada allí en la nieve. Me da escalofríos pensar que será lo primero que veré al regresar por el camino que recorrí para llegar aquí, pero es mi deber recogerla, junto a mi pasado. En mi mundo los brujos no es que sean muy bien vistos, todavía muchas sociedades, como la mía, creen que todos tomaremos el camino perverso de Gul’dan o tiemblan de solo ver la capacidad que tenemos de invocar demonios. No les quito la razón, yo misma sé lo descontrolada que puede ser la magia vil y lo muy difícil que es convivir con ella dentro de ti, pero nunca tuve opción, su fuerza siempre estuvo en mí, huir de ella era imposible y la espada abandonada en la nieve es el último despojo de intento por ser otra persona. Quería ser una guerrera, pero soy una bruja.

Y como bruja me recibieron los noctiféericos. Al principio pensé que lo hicieron porque no podían enfrentar algo más aterrador que su propia sequía o porque esta fuerza que cargo es tan irrelevante en un mundo más allá de la vida que simplemente no representaba ninguna amenaza para ellos. Pero mientras me unía a su equipo para apoyarlos tanto en las grandes batallas contra las fuerzas del Carcelero como en las pequeñas acciones cotidianas en comunidad para reconstruir su hogar, ellos comenzaron a hablarme de mí, de mi propia fuerza y me invitaron a que aceptara el equilibrio que mi propia existencia significa.

Para los noctiféericos el equilibrio es fundamental, es la forma en la que la vida y la muerte se entrecruzan como una sola entidad y así se puede mantener la naturaleza, en cualquier universo en el que ella exista, e incluso más allá de su propia finitud. Gracias a eso pude comprender que absolutamente todo en el universo, en la existencia misma, requiere ese equilibrio para sostenerse y por ello mi magia no es una aberración o un poder maligno que se deba erradicar, sino un hilo muy fino que debe sostenerse para evitar que otras fuerzas, como la arcana, se desborden en formas que realmente pueden ser aterradoras e incontenibles.

No es que no haya vuelto a Azeroth antes. Precisamente esta motivación me llevó a recorrer los antiguos pasos de brujos que vivieron antes que yo y así poder desarrollar mi poder al máximo, y ese fue el momento en el que su energía espiritual me permitió hacer mis llamas verdes. Pero, por supuesto, gracias a mi nueva esencia vinculada al poder del invierno me fue posible contener esa energía dentro de mí y comprender que la razón de su existencia junto a la mía, es ese equilibrio cósmico del que ahora sé que hago parte.

Pero ahora debo regresar, con todas sus letras, y marcharme, quizá para siempre, por el mismo camino que recorrí para llegar. Ahora todo está a salvo en este lugar y debo volver a ese mundo que todavía me necesita. No obstante, es inevitable que muy adentro guardo un pequeño deseo de quedarme, pero mi naturaleza nómada terminaría por impulsar mi partida tarde o temprano. De todas formas, en la pequeña tienda de campaña de mi corazón espero guardar siempre mi espíritu vulpino que conecta toda mi ánima a la naturaleza y por el cual les estaré siempre agradecida.

¿Me será posible dejar mi espada allí para siempre y darle rienda a mi poder en Azeroth? Todavía no puedo saberlo, pero igual es hora de marcharme, siempre con mi corazón agradecido por lo que los noctiféericos, ustedes, hicieron por mí.

Lillygumy la vulpera.

Carta II

Queridos maestros:

Espero que todo se encuentre bien en la Isla Errante y en la tierra de mis hermanos pandaren, recuerden siempre que los llevo cada instante en mi corazón.

Ya falta poco para terminar de arreglar mis asuntos aquí, al igual que para terminar de empacar para mi viaje de regreso. De todas formas, quiero avisarles que estaré muy pronto al servicio de Azeroth de nuevo, sé que mi mundo me necesita y, bueno, al menos ya solucionamos las cosas en el “más allá”.

No tuve la oportunidad de hablar sobre esto antes, pero creo que ustedes deben saberlo…

Como bien pueden recordar, hice una larga peregrinación con su ayuda y guía para convertir mi magia arcana en luz pura tras el enfrentamiento con N’Zoth. Pero lo que pasó en mi primer contacto con la tierra de las sombras fue increíble. Las fuerzas tanto de la Horda como de la Alianza establecieron campamentos en Rasganorte con el fin de establecer un plan de búsqueda, rescate y, por supuesto, algo que ayudara con la situación de nuestro cielo. Pero todo fue muy repentino, de pronto nos vimos casi diluidos con las sombras, como si estas nos fueran a consumir y allí fue cuando me pasó lo que no he logrado explicarme del todo.

Recuerdo que caí bruscamente en la nieve y que de pronto todo era de una oscuridad aterradora, en ese momento sentí un desespero enorme, como si toda la esperanza del mundo y de nuestros corazones fuera a desaparecer con ella y eso me dolió mucho, muchísimo. Sentía como si mi propia alma se desgarrara por no poder hacer nada al respecto. Pero de pronto, una calidez invadió mi pecho, acompañada de un susurro que venía desde muy dentro de mí y me decía: todo estará bien. Casi al instante hubo un cálido y reconfortante estallido de luz, algo así como si hubiera caído un meteorito o hubiera estallado una estrella, pero sin ruido, vibración o golpe, solo la luz en su forma más brillante, fuerte y pura. Entonces Me enderecé, y ahí fue cuando me di cuenta que esa luz provenía de mí. Creo que de alguna forma fue de ayuda para todos, no voy a decir que salvé el día, aunque nadie puede negar que en una oscuridad absoluta es necesario un estallido de luz.

Les cuento esto, no solo para que podamos investigarlo, quizá, cuando regrese, sino porque en este momento tengo mi corazón dividido. Sé que en Azeroth se necesita de mi poder arcano de nuevo y que ya he cumplido con mi misión de resguardar a mis aliados con la luz mientras atravesamos las sombras, pero ella no deja de estar dentro de mí y siento que ante cualquier momento parecido al que viví en ese instante la luz se apoderará de nuevo de mi cuerpo y de mi energía. Por otra parte, tampoco puedo dejar de ver ese reflejo violeta en mis ojos que me recuerda que tengo encerrada dentro de mí la magia arcana, y aunque esté bajo control, también tengo miedo de que salga de ahí sin que yo lo decida.

¿Qué debo hacer o ser? Para ser honesta todavía no lo sé. Pero no duden por un segundo en mi compromiso con el bien y la armonía que tanto merece mi amada Azeroth. Trataré de terminar pronto aquí y espero que se acerque el día en el que podamos rencontrarnos.

Por favor, no teman, estas fuerzas son parte de mí y por ello no permitiré que ninguna se salga de control. Además, ya pasó lo más difícil. La luz vuelve a brillar incluso en la muerte.

Lillygumita la pandaren.

Carta III

Querida Tess:

No sé si recibas esta carta, o si quieras leerme después de todo lo que ha pasado. Pero sé que no has cesado tus investigaciones sobre nuestra gente y quizá lo que tengo por contarte sea de tu interés. De igual forma, no le confiaría a nadie más mi conocimiento, para algunos puede resultar aterrador, mientras que para otros puede ser el arma perfecta. Ninguna de las dos opciones le conviene a nuestra tierra.

No perderé el tiempo en explicarte nada sobre mi traición, ya debes haber escuchado muchas versiones sobre el trato que hice con Bwonsamdi para unirme a su propia raza y por qué la Alianza está tras de mí desde que se enteraron. Las decisiones éticas sobre mí solo me corresponden a mí misma y ya verás tú, en tu corazón, lo que decidas pensar y sentir sobre mí, aunque, bueno, a mi pueblo no lo caracterizan mucho las emociones insulsas.

Lo que quiero contarte responde a la razón por la que permití que la Alianza supiera que sigo viva y a mi motivación para enfrentar todas las dificultades que esto implica.

Había pasado poco tiempo desde que me enteré de los nuevos acuerdos entre la Alianza y la Horda cuando recibí un extraño llamado a un lugar que se llama El otro lado. Se trata de un cruce dimensional dentro de los dominios del Loa de la muerte. Sabía, por lo tanto, que mi viejo amigo tenía algo por decirme, pero eso solo me ponía más nerviosa.

Comencé a bajar las escaleras, poco a poco, con un mal presentimiento. De pronto me percaté de que mis pasos se sentían familiarmente extraños. Era una Huargen de nuevo. Nunca me imaginé volver a habitar mi piel, aunque bueno, tú sabes que nunca la he sentido como propiamente mía… Es más, no sé si tenga un cuerpo que pueda llamar mío por todos los cambios que he enfrentado en mi vida.

No pude evitar gruñir antes de preguntarle a Bwomsamdi si estaba allí y por qué me hacía esto. Sabrás que tenía un temor enorme sobre la reacción de la Horda si de la nada una de sus defensoras de élite resultara ser una traidora. Él, por su parte, me respondió con el humor ácido que lo caracteriza y a eso le siguió una serie de juegos mentales de los que me hizo protagonista.

Nunca habíamos tenido una conversación tan personal. Él sabía mis motivos para el trato, pero no le interesaba cuestionarlos. Esta vez fue diferente. Comenzó a cambiar mi apariencia entre la Troll que soy ahora y la Huargen que solía ser. La cuestión era sencilla: ¿Si tuviera la oportunidad, rompería el trato y volvería a la forma que solía tener antes, al ser que era antes?

Técnicamente, la ganancia que él obtenía con su trato se termina con mi salida de la tierra de las sombras, pues ya no podré obtener más ánima para él en Azeroth. Pero esto iba más allá. Él me recordó perfectamente cuán delicada es mi situación, sobretodo por el dilema emocional que esto implica para mí, el cual, a pesar de que intento ocultar a toda costa, Bwoamsamdi parece conocer en su totalidad. La cercanía repentina de la Alianza me recuerda cosas que he intentado sellar en mi corazón… Yo tenía un lugar, un papel en mi pueblo. Solía usar mis poderes druídicos para sanar a mi gente, para aliviar su dolor, y, aunque era una simple soldado como muchos tantos, mi rol de dar vida es algo que no puedo sacar de mi esencia y recuerdo siempre con cariño a todos a quienes ayudé, aunque muchos me miraran con desprecio por ser un monstruo. Por otra parte, hay algo que tampoco puedo arrancar de mí y es que con este nuevo cuerpo he encontrado un hogar, las personas de la Horda me han acogido con afecto y respetan mi liderazgo, el cual ahora defiendo con todas mis fuerzas bajo la encarnación de Ursoc. Y entonces llega la pregunta: ¿Quieres volver a ser quien eras y recuperar tu lugar en la Alianza o prefieres continuar esta vida dentro de la Horda? Difícil ¿Eh? Cuando no sabes quién eres, no sabes a qué lugar perteneces.

Y no se equivoca. Mi corazón se partía en dos, entre mis raíces y mi hogar. En ninguno pertenezco totalmente, pero mi alma está ligada a ambos. Retornar a mi forma de Huargen significaría perderlos a ellos… Además de enfrentar los problemas que tengo en la Alianza. Pero permanecer escondida para siempre solo sería negar una parte de mí misma. Bwomsamdi sabía que todos estos pensamientos atravesaban mi cabeza y me dio una opción, una oferta, que no podía rechazar.

No creas que lo conversamos, no hubo necesidad de hablar. Él me dio exactamente lo que tanto anhelaba. Me di cuenta que tenía un colgante en mi pecho. Tampoco necesitó explicarme mucho, era obvio que el movimiento del colgante cambiaba mi apariencia y con ella me hacía incorporarme en un ser o en otro, entre la troll y la huargen. Él sabía perfectamente que aceptaría pagar cualquier precio… y así fue.

Ser ambas ha traído muchos cambios a mi vida, la mayoría de ellos buenos. No lo esperaba, pero mi hermandad ha encontrado la forma de comprenderme y he estado en situaciones en las que a pesar de revelar mi cuerpo Huargen mantienen su respeto hacia mi liderazgo y no han dejado de valorarme como su par aunque, por supuesto, esto resulte muy extraño para ellos. La sorpresa para la Alianza ha sido otra historia, pero sé que podrán valorar el esfuerzo que he llevado a cabo por el rescate del Rey Anduin y la restauración de la paz y el orden tanto en Azeroth como en el cosmos.

Finalmente, sea lo que sea que me depare el destino, ningún precio sería demasiado para conservar la bendición de Ysera, que tanto me ayudó en el pasado, junto con la encarnación de Ursoc que le ha dado forma a mi presente.

Espero que sepas juzgar esta situación con la prudencia y sabiduría que tanto te caracteriza. Sería bueno encontrarme con caras amables al volver a Azeroth.

Mis mejores deseos,

Lillymoon la Huargen — Lillymentita la Troll.


1 comentario

Julian · junio 23, 2022 a las 7:41 pm

Que buena escritura, me encanto.

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